Lo que me preguntan siempre.
Y si tienes otra, me escribes por WhatsApp y te la contesto sin compromiso.
Antes de contratar
Lo que preguntan por WhatsApp antes de decidirse.
Ya tengo web. ¿Puedo contratar solo una automatización?
Sí, y no te cobro nada por una web que no he hecho yo. Se paga la puesta en marcha —montarlo sobre tu web actual— y luego la cuota de ese servicio, nada más. Los recordatorios de cita, por ejemplo, son 249 € y 49 € al mes; la ficha de Google, 90 € y 29 € al mes. En la página de precios marcas “Ya tengo web” y te sale tu número.
¿Cuánto me va a costar en total?
Un pago al empezar y una cuota al mes. Lo más habitual es la web completa: 550 € al empezar y 50 € al mes. Si le añades los recordatorios de cita y la ficha de Google, se queda en 128 € al mes. En la página de precios lo calculas tú con lo que necesites.
¿Por qué hay cuota? ¿No puedo pagar una vez y ya?
La cuota no es por la web: es por el alojamiento, el dominio, el correo, las copias de seguridad y que las automatizaciones sigan funcionando cada día. Eso cuesta dinero todos los meses, contrates conmigo o con quien sea. Si aun así la quieres suelta y buscarte tú la vida con el alojamiento, son 1.490 € y te la llevas.
¿Hay que pagar todo por adelantado?
No. La mitad al empezar y la mitad cuando la web está online y tú le has dado el visto bueno. La cuota mensual empieza a correr desde que se publica, no antes.
¿Y si no me gusta cómo queda?
No te vas a llevar la sorpresa al final: te paso un enlace en cuanto hay algo que ver, sobre el tercer día, y desde ahí lo vamos ajustando. Van dos rondas de cambios incluidas. Y si después de esas dos rondas sigue sin convencerte, no publicamos y no pagas la segunda mitad. Lo único que te pido es que me digas qué falla y me dejes arreglarlo antes: para eso están las rondas.
¿Me haces factura?
Sí, factura con IVA de todo, del pago inicial y de cada mensualidad. Los precios de la web son sin IVA porque están pensados para autónomos y empresas, que se lo desgravan.
¿Merece la pena en mi caso?
A veces no, y te lo digo. Si vives del boca a boca y tienes la agenda llena, una web no te va a cambiar la vida. Donde sí se nota es cuando pierdes tiempo al teléfono, cuando te fallan citas o cuando la gente te busca y no te encuentra. La llamada es gratis y de ahí sales sabiéndolo.
Mientras la hago
Cómo va el proceso y qué se espera de ti.
¿Cuánto tardas de verdad?
Entre 7 y 9 días desde que tengo toda la información: textos, fotos y tus servicios. El reloj no arranca con el pago ni con la llamada, arranca cuando me llega el material. Lo digo así porque lo que retrasa un proyecto casi nunca es el trabajo: es esperar las fotos.
¿Qué necesitas de mí?
Poco: fotos de tu local y de tu trabajo, la lista de lo que haces con sus precios, y el horario y la dirección. Media hora de tu tiempo contándome lo que te preguntan siempre los clientes.
Yo no sé escribir para una web.
No hace falta. Los textos los escribo yo y tú corriges lo que no encaje. Tú me cuentas cómo funciona tu negocio, que de eso sabes tú; lo de convertirlo en una web es lo mío.
¿Y si las fotos que tengo son malas?
Te lo digo claro antes de empezar, porque una web con fotos malas se nota mucho más que una web sencilla. Las de tu negocio —el local, tú trabajando, trabajos ya terminados— salen correctas con el móvil y luz de ventana, y te digo qué encuadres me hacen falta. Fotografía profesional no hago.
Cuando ya está online
El día a día, que es donde la gente se lleva sorpresas.
¿Qué incluye exactamente la cuota?
Alojamiento, un dominio de hasta 15 € al año, hasta dos buzones de correo del negocio, copias de seguridad, actualizaciones y que las reservas y los avisos sigan funcionando. Además, diez cambios pequeños al mes: un texto, una foto, un precio, un horario. Cosas de cinco minutos, y las tienes el mismo día. Y un cambio grande —una sección nueva o rehacer una página— que ya lleva su rato. Si un mes te pasas, tampoco voy a estar contando: te lo hago y ya. Lo pongo para que no se convierta en veinte.
¿Puedo cambiar cosas yo?
Sí, y más fácil de lo que te imaginas: pinchas el texto en tu propia web y escribes encima, como en un documento. Le das a guardar y ya está cambiado para todo el mundo. En ese mismo panel ves además cuánta gente entra, qué pulsan y cuántas citas te han pedido. Te enseño a usarlo en la entrega, y si prefieres no tocar nada, me escribes y lo hago yo.
¿Voy a saber si mi web sirve para algo?
Sí, y sin creerte lo que yo te cuente. En tu panel tienes cuánta gente entra cada día, de dónde viene, qué botones pulsa y cuántas citas te ha pedido. También en qué paso se queda la gente a medias, que es lo que me dice a mí qué hay que arreglar. Sin cookies ni rastreo raro: solo se cuentan cosas, no se identifica a nadie.
Si algo se rompe un sábado, ¿qué hago?
Me escribes por WhatsApp. No hay formulario de incidencias ni número de ticket. Si es algo que deja la web caída o las citas sin entrar, lo miro aunque sea fin de semana; si es un cambio de texto, el lunes.
¿Y si me quiero ir?
Te vas el mes que quieras, avisándome con 7 días para que me dé tiempo a pasarte todo. La web, el dominio y los accesos son tuyos y te los llevas enteros. Lo único que deja de funcionar son las automatizaciones, porque corren sobre mi sistema; te lo digo ahora y no el día que te vayas.
Lo técnico y lo legal
Las respuestas aburridas, que suelen ser las importantes.
No tengo ni dominio ni correo. ¿Pasa algo?
No. Yo lo compro y configuro el alojamiento y el correo, y va dentro de la cuota: un dominio de hasta 15 € al año y hasta dos buzones. Antes de empezar miro qué nombres están libres y te doy a elegir; si el que quieres está cogido —pasa más de lo que parece— o lo venden a cientos de euros, te lo digo y buscamos otro o lo pagas aparte, tú decides. El dominio se pone a tu nombre desde el primer día, no al mío, aunque el primer año lo pague yo. Y el certificado de seguridad, ese candado que sale al lado de la dirección, es gratis y va puesto: hay quien lo cobra a 60 € al año.
¿De quién es la web?
Tuya. El dominio se pone a tu nombre desde el primer día, no al mío, y los accesos son tuyos. No te secuestro nada: si un día te vas, te llevas todo sin tener que pedírmelo por favor.
¿Y si te pasa algo o lo dejas?
Es la pregunta correcta cuando contratas a una persona y no a una empresa. Por eso la web va montada con herramientas estándar, sin inventos míos, y el dominio y los accesos están a tu nombre desde el primer día: si yo desaparezco mañana, cualquier otro puede seguir donde lo dejé sin empezar de cero. No te puedo prometer que no pase; sí que no te deje atado a mí.
¿Haces también las facturas de mi negocio?
No, y te explico por qué: en España el programa con el que emites facturas tiene que estar homologado, y un generador hecho a medida no lo está. Meterte en eso sería meterte en un lío. Lo que sí puedo es conectar tu web con un programa de facturación que ya cumpla, como Holded o Quipu.
¿Qué pasa con los datos de mis clientes?
Los datos que entren por tu web son tuyos, no míos. Yo los toco solo para que el sistema funcione y con un contrato de por medio. Te dejo la web con su aviso legal y su política de privacidad, que son obligatorios en cuanto recoges un teléfono en un formulario.
¿Trabajas solo en Madrid?
Trabajo en remoto, así que da igual dónde estés. Si andas por Madrid sur, la primera reunión la hacemos en persona y encantado.
Si vendes online
Lo que preguntan quienes se plantean una tienda, incluidas las dos que nadie dice en voz alta.
¿Y si monto la tienda y no vendo nada?
Puede pasar, y prefiero decírtelo antes de cobrarte. Una tienda no trae clientes por existir: trae clientes si ya te busca gente, si tienes producto que se vende a distancia o si vas a mover tráfico. Si vendes al vecindario y de boca a boca, una tienda no es tu problema ni tu solución. En la llamada te lo digo, aunque me deje 799 € por el camino.
¿Esto no me lo monto yo con Shopify por 30 € al mes?
Sí, puedes. Y si tienes tiempo y maña, hazlo. Lo que te vas a encontrar son unas cuarenta horas entre elegir plantilla, pelearte con las variantes, configurar envíos por zonas, dar de alta la pasarela y escribir las fichas. La mayoría lo deja a medias y acaba con una tienda que carga lenta y no vende. Lo que compras aquí no es el programa: es que esté hecho y funcionando en nueve días.
No tengo fotos buenas de mis productos.
Es lo que más frena las tiendas, y no te voy a engañar: en una tienda las fotos venden más que los textos. Yo no hago fotografía, pero te digo exactamente qué necesitas —fondo liso, luz de ventana, el mismo encuadre en todas— y con un móvil actual salen dignas. Si tu producto se juega la venta en la foto, ahí sí merece la pena pagar a un fotógrafo un día.
¿Voy a depender de ti para todo?
No, y menos en una tienda. Los precios, el stock, las fotos y los productos los tocas tú desde el panel, un domingo por la noche si hace falta. Para eso te doy la hora de formación en la entrega. Me necesitas para lo de dentro: cambiar cómo funciona algo, añadir una forma de envío nueva o arreglar lo que se rompa.
¿Cuánto me cuesta al año de verdad?
Con la tienda: 799 € al empezar y 79 € al mes, o sea 1.747 € el primer año y 948 € los siguientes. A eso hay que sumarle lo que no cobro yo: la pasarela de pago se queda alrededor de un 1,5 % de cada venta, y si la montamos sobre una plataforma de suscripción, su cuota va aparte. Te doy el número exacto en el presupuesto, antes de empezar.
¿Y el IVA, las facturas y las devoluciones?
Eso lo ves con tu gestor, igual que el resto de tu negocio. Lo mío es dejarte la tienda preparada: que el IVA salga bien calculado en el carrito, que se genere el justificante del pedido y que las condiciones de envío y devolución estén publicadas. Redactadas sobre plantilla estándar, que no soy abogado.
Cuéntame qué te está comiendo el tiempo.
Veinte minutos por teléfono. Te digo qué automatizaría primero y cuánto costaría. Si veo que no te compensa, te lo digo — sale más barato para los dos.